La desconocida de mis buenos días

Justa, como siempre. Son las 8:11 de la mañana, cojo la mochila y salgo rápido en el intento desesperado de llegar pronto a clase. Pero bah… Aprovechar la cama un ratito más me viene de bien… Cierro la puerta, bajo las escaleras y cierro también el portal. Ando, giro la esquina y ahí está ella junto a su perro blanco. Ya ha empezado a hacer calor y no lleva su chaquetón largo con pelo. Con aire desaliñado y cabello despeinado, aunque adornado con una llamativa pinza de color rojo, se dirige a mí como todos los días. De su pequeña boca desdentada, pero con una gran sonrisa, salen unos buenos días para mí, a los que yo respondo lo mismo sonriente. Se agacha y continúa recogiendo las colillas del suelo. Se levanta y las tira al contenedor. Mientras sigo mi camino, ¡qué remedio! Toca correr o no llego.

Decidme, ¿vuestros buenos días son así de curiosos?

-Natalia Fdez-

 

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Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.

“[…] También yo estoy detenido en un tiempo. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía. Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.

Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.

La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los demás.

…Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.

Pero sé que la vida es otra cosa.

Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.

Casi todo el mundo, pobre, cree que vive.

Solo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad.

Por eso te amo, viejo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo”.

“Déjame que te cuente…”. Jorge Bucay. Capítulo: “El reloj parado a las siete”

 

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Córdoba

     “Dicen que moruna Córdoba,
      dicen que Córdoba mora…
      Dicen que el Guadalquivir
      a sus balcones se asoma,
      que cuando a la mar se va
      prendido va de su aroma.”

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Nunca dejes de ser tú

A veces nos olvidamos
de quiénes somos. Unas veces lo hacemos para complacernos a nosotros mismos, pero lo peor es que otras tantas lo hacemos para complacer a otras personas. Nos engañamos. Nos engañamos porque adornamos nuestra identidad intentando llenar vacíos. Tomamos una nueva identidad en la que realmente no encajamos y que causa esa sensación de vacío. Perdemos nuestra personalidad y obviamos lo que realmente queremos y necesitamos.
No niegues quien eres, no ignores tus ideas… Pero sobre todo nunca te olvides de donde vienes. Nunca dejes de ser tú.

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