La desconocida de mis buenos días

Justa, como siempre. Son las 8:11 de la mañana, cojo la mochila y salgo rápido en el intento desesperado de llegar pronto a clase. Pero bah… Aprovechar la cama un ratito más me viene de bien… Cierro la puerta, bajo las escaleras y cierro también el portal. Ando, giro la esquina y ahí está ella junto a su perro blanco. Ya ha empezado a hacer calor y no lleva su chaquetón largo con pelo. Con aire desaliñado y cabello despeinado, aunque adornado con una llamativa pinza de color rojo, se dirige a mí como todos los días. De su pequeña boca desdentada, pero con una gran sonrisa, salen unos buenos días para mí, a los que yo respondo lo mismo sonriente. Se agacha y continúa recogiendo las colillas del suelo. Se levanta y las tira al contenedor. Mientras sigo mi camino, ¡qué remedio! Toca correr o no llego.

Decidme, ¿vuestros buenos días son así de curiosos?

-Natalia Fdez-

 

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